lunes, 8 de agosto de 2011

Me inspiras tanto. Parece que el tesoro está reservado para un estoico, hubiera sido más feliz despreocupándome por si llegabas o no, pero ya que aquí estás no puedo pedir otra cosa.
Era una maraña de preocupaciones, ideas vagas iban y venían cuando no estaba seguro de tí, tampoco lo estaba de mí, aun no te tengo pero siento que estás cerca, me convertiré en un estoico hasta que arribes.
Mi demonio ya era viejo, pero ella no lo conocía aun, quizás pueda jugar un poco hasta quedarme solo o hasta que el monstruo se quede dormido. Aun así soy testigo de esta experiencia que aun no empieza, por que yo? no soy el único, todos respiran miedo, miedo a la soledad? miedo a la muerte? después de todo el miedo es un escudo, todos son unos cobardes inteligentes, siendo yo el más torpe de los cobardes.

domingo, 10 de julio de 2011

Nostalgias

Estar atrapado en otro tiempo era difícil, pero saber que no pertenecía a ningún lado lo hacía más fácil, sin embargo la voz que me susurraba en la parte de atrás de la cabeza siempre quería estar triste.
Cuando estaba cerca de esa mujer que no me dejaba ser yo, pero que me dejaba ser otro, me sentía feliz, sin embargo le tenía miedo y ella me odiaba.
Los deseos reprimidos nos hacían víctimas mutuas, pero solo así sabíamos vivirnos, sin embargo nunca vio a través mio y yo no pude ver por sus ojos.
Esperaba que la sinceridad se vuelva una máxima a seguir, pero que tonto fui al destruir tantos sueños, sin embargo el cinismo es el idioma del instinto y esa actividad me suele dejar tumbado.
Entendí que el tiempo no existía, pero el cuerpo no entiende y es mentiroso, sin embargo los recuerdos también traicionan.
Al contarle a ella que en realidad no existía me dijo que entonces ella era yo, pero no me importó yo la seguí amando igual, sin embargo lo entendí y me dije una y otra vez hasta no poder parar, que yo tampoco existo y al final pude ser feliz y terminar con toda esta nostalgia.

domingo, 31 de enero de 2010

Sin título


A veces pienso ser otro, cuando te veo mi verdadero yo deja de asomarse, solo ves lo que has dejado; el amor que yo siento, la ansiedad de verte, solo deja en mi una mirada llena de sentimientos y deja mis palabras vacias y sin gracia. Es por ti no soy yo, yo sigo siendo el mismo...

El recuerdo


Caminaba por la calle en un día muy caluroso, el sol me daba justo en la cara y mis pestañas chispeaban sudor. Cerca de mí rondaba un indigente desnudo que parecía tener solo piel sobre los huesos, que mala suerte. Al llegar a la esquina un concierto de cláxones me esperaba gracias a un semáforo malogrado y a la directora de orquesta: una tomba.

Ajetreado por el ruido y el calor, me tocaba subir a una combi que no dudó en parar todo el tráfico, el cobrador me ordenó que me acomodara. Una vez dentro, donde hacía aún más ruido y calor, algo llamó mi atención; un aroma familiar me transportaba a otro lugar.

De pronto podía ver un pequeño cuarto desordenado pero muy acogedor, un televisor pequeñito susurraba lo útil q era, y unos sostenes colgados que sugerían que no estaba solo. Entonces lo recordé, su aroma me envío hacia aquel sofocante y estruendoso día, a esa estruendosa y sofocante combi en que la conocí. Ahora estaba a mi lado, dándome la espalda y casi podía sentir el sonido de las lágrimas acariciando su rostro. Mi memoria la había purificado, fue el último día que la vi.

martes, 22 de diciembre de 2009

El canto de los pájaros





Los pájaros ya cantaban su molesta melodía y un fuerte dolor de cabeza se le sumaba a la luz tenue de la noche que ya no es noche.

Me paré y aparecí en el baño mirándome al espejo, tenía un sabor vomitivo en la boca. Un pájaro muy grande me miraba por la ventana, era perturbador, cerré las cortinas.

Ese canto infernal era como piedras rebotando en mi cabeza, abrí los ojos una vez más y de pronto todo se veía más oscuro. El miedo me seguía a donde fuese, malditos pájaros.

Ya no podía ver nada así que prendí la luz, pude verme ensangrentado y mi temor se convirtió en terror, corrí desesperadamente por todos los cuartos y jardines hasta llegar donde la culpa me esperaba. Los cuerpos de mis padres yacían inmóviles sobre sus mantas, se veían húmedos, tiesos. La sordidez me despertó.

A mi fría celda se acercaban mis verdugos, podía oírlos, pero no tan bien como al canto de mis cómplices que me decían que ya era hora.
Alberto Vecco

jueves, 26 de noviembre de 2009

El sepulturero


Mi vida siempre ha sido monótona, tranquila, apacible, nunca me jactaría de ser extrovertido y menos impulsivo. Lamentablemente el destino a veces nos juega malas pasadas y algunas de ellas son definitorias de una vida.

Yo era un sujeto muy delgado, nunca me tomé la molestia ejercitarme, mi rostro no era el de Brad Pitt pero tampoco el de Rocky después de una dramática pelea. Me veía a mí mismo como una estrella de rock, al menos me habría gustado serlo, ya que nunca me atreví a contrariar a mi madre y a ella le gustaban las camisas bajo los pantalones y los zapatos bien lustrados.

Me sentía dichoso ya que una linda chica se había fijado en mí. Aquella noche sabatina que decidimos ir a bailar a una discoteca, se nos cruzaron unos tipos borrachos, uno de ellos estaba lleno de tatuajes y el otro pues parecía un luchador de sumo, empezaron a piropear a Martha, seguimos de largo.

Después de un par de horas, salimos de la discoteca y ahí estaban aquellos sujetos, se acercaron, jalonearon a Martha, trate de defenderla, me golpearon, uno sacó un cuchillo, nos caímos al suelo, el cuchillo se incrustó en su pecho, yo en la cárcel.

Una vez tras las rejas, conocí a Pablo el sepulturero de la cárcel, le propuse un trato: me enterraría junto a un cadáver y luego, cuando nadie se diera cuenta me sacaría. Pues aquí estoy bajo tierra, ya llevo varias horas esperando y ya no aguanto, creo que he encontrado un fósforo, me pregunto quién será mi frío acompañante, se parece a Pablo.
Alberto Vecco