jueves, 26 de noviembre de 2009

El sepulturero


Mi vida siempre ha sido monótona, tranquila, apacible, nunca me jactaría de ser extrovertido y menos impulsivo. Lamentablemente el destino a veces nos juega malas pasadas y algunas de ellas son definitorias de una vida.

Yo era un sujeto muy delgado, nunca me tomé la molestia ejercitarme, mi rostro no era el de Brad Pitt pero tampoco el de Rocky después de una dramática pelea. Me veía a mí mismo como una estrella de rock, al menos me habría gustado serlo, ya que nunca me atreví a contrariar a mi madre y a ella le gustaban las camisas bajo los pantalones y los zapatos bien lustrados.

Me sentía dichoso ya que una linda chica se había fijado en mí. Aquella noche sabatina que decidimos ir a bailar a una discoteca, se nos cruzaron unos tipos borrachos, uno de ellos estaba lleno de tatuajes y el otro pues parecía un luchador de sumo, empezaron a piropear a Martha, seguimos de largo.

Después de un par de horas, salimos de la discoteca y ahí estaban aquellos sujetos, se acercaron, jalonearon a Martha, trate de defenderla, me golpearon, uno sacó un cuchillo, nos caímos al suelo, el cuchillo se incrustó en su pecho, yo en la cárcel.

Una vez tras las rejas, conocí a Pablo el sepulturero de la cárcel, le propuse un trato: me enterraría junto a un cadáver y luego, cuando nadie se diera cuenta me sacaría. Pues aquí estoy bajo tierra, ya llevo varias horas esperando y ya no aguanto, creo que he encontrado un fósforo, me pregunto quién será mi frío acompañante, se parece a Pablo.
Alberto Vecco

No hay comentarios:

Publicar un comentario